"La imposibilidad de penetrar el esquema divino del universo no puede, sin embargo, disuadirnos de planear esquemas humanos, aunque nos conste que éstos son provisorios".
Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges

Libro IV del Diálogo Las Leyes de Platón
Ateniense:Los enfermos de las ciudades son libres o esclavos: ¿y no has observado que los esclavos se dejan curar ordinariamente por otros esclavos, que van de un punto a otro por la ciudad, o que reciben los enfermos en la oficina de sus maestros? El médico de esta clase no entra en pormenores con el enfermo a propósito de su mal, ni sufre que él razone sobre el mismo; y después de haberle prescrito, a modo de verdadero tirano y dándose aire de hombre entendido, los remedios que la rutina le sugiere, le abandona bruscamente para ir a visitar otro enfermo, descargando así a su maestro de una parte de los cuidados de su profesión. Por el contrario, el verdadero médico sólo visita y cuida de los enfermos que son de condición libre como él: se informa de ellos mismos o de sus amigos acerca del origen y del progreso del mal, y después de haber obtenido todas las aclaraciones convenientes, instruye al enfermo hasta donde le es posible, no prescribiéndole remedios sino después de haberle decidido con buenas razones a tomarlos: y procura volverle poco a poco la salud. dulcificando su espíritu y disponiéndole para todo por medio de la persuasión. ¿Cuál es a tu parecer, el mejor de estos dos médicos? Y lo mismo digo de losmaestros de gimnasia. ¿cuál es el mejor? ¿El que emplea dos medios para llegar a su objeto, o el que emplea uno solo. que es además el peor y el más duro?
Libro IX del Diálogo Las Leyes de Platón
Ateniense: Debis figuraros que si alguno de estos médicos, que ejercen la profesión sin principios y sin tener otra guía que la experiencia, viese al verdadero médico conversar con su enfermo, que es de condición libre como él, razonar casi como un filósofo, remontarse hasta el origen del mal y hasta los principios generales relativos a la constitución del cuerpo humano, es seguro que no se contendría y se echaría a reir a carcajadas, diciendo las mismas cosas que en tales ocasiones dicen los más de los que se llaman médicos. "Insensato, diría, eso no es curar al enfermo, y sí darle lesiones, como si se tratase de hacerle médico y no de procurarle la salud."




Llega una mujer a tu consulta con una mamografía alterada y te pregunta: ¿Cuáles son mis probabilidades de tener cáncer de mamas?Y la alternativa correcta es...
Sabes que:¿Cuál sería tu respuesta?
- La prevalencia del cáncer de mamas es de un 1%.
- Si una mujer tiene cáncer de mamas, la probabilidad de tener una mamografía alterada es de un 90%.
- Si una mujer no tiene cáncer de mamas, la probabilidad de tener una mamografía alterada es de un 9%.
- La probabilidad de que tenga un cáncer de mamas es de aproximadamente un 81%.
- De cada 10 mujeres que tengan una mamografía alterada, 9 tienen cáncer de mamas.
- De cada 10 mujeres que tengan una mamografía alterada, 1 tiene cáncer de mamas.
- La probabilidad de que tengan un cáncer de mamas es de un 1%.
Llega una mujer a tu consulta con una mamografía alterada y te pregunta: ¿Cuáles son mis probabilidades de tener cáncer de mamas?Ahora resulta más fácil, dividimos las 9 pacientes con mamografía alterada y cáncer de mamas por el total de mamografías alteradas con o sin cáncer de mamas (89+9). El resultado nuevamente es 3, "de cada 10 mujeres que tengan mamografías alteradas, 1 tiene cáncer de mamas".
Sabes que:
- 10 de cada 1000 mujeres tienen cáncer de mama.
- De esas 10 mujeres con cáncer de mamas, 9 de ellas tienen una mamografía alterada.
- De las 990 mujeres sin cáncer de mamas, 89 de ellas tienen un mamografía alterada.
La mejor forma de comparar el riesgo de morir por cáncer de próstata entre EEUU e Inglaterra es a través de la antigua Tasa de Mortalidad General. En EEUU ocurren 26 muertes por cáncer de próstata cada 100.000 hombres y en Inglaterra ocurren 27 muertes por 100.000, practicamente lo mismo. Se ha demostrado que las tasas de supervivencia a 5 años no se correlacionan en nada (!) con los cambios en la mortalidad.
El mismo hecho de conversar es poesía. Una conjugación eterna de los tiempos pasado y futuro en el presente. El pasado es ahora como lo fue ayer. El pasado está presente porque en cada cosa que yo haga tengo una experiencia acumulada. Una experiencia viva, vital, de ahora. La de ayer no me sirve porque la vivencia ya fue; la vivencia es ahora porque pertenece al presente. Y eso mismo me hace visualizar - si eso fuera posible - la seguridad del futuro. Por eso es una conjugación eterna: el pasado es igual al futuro y entre los dos me forman el presente.
La concepción occidental del tiempo es lineal, en tanto que la indígena es una concepción circular y al mismo tiempo evolutiva. El occidental trabaja para el mañana. Yo veo al hombre winka cómo se abalanza al futuro. Se inventa metas a cumplir porque si no tiene un mañana se angustia. En cambio para el mapuche el tiempo es lento, tranquilo, porque no existe el futuro en términos de meta. El pasado está adelante, al frente, porque es lo que yo estoy viendo. En cambio el futuro no lo veo porque lo tengo atrás. Tengo conocimiento que me va a llegar, pero no me preocupa el futuro. El pasado tampoco, pero lo tengo, lo sé y lo repito porque lo estoy viendo. Y si lo estoy viendo puedo cantarlo. Por eso se canta el pasado.
Hace dos días que andamos sobre el armazón del planeta, olvidados de la historia y hasta de las oscuras migraciones de las eras sin crónica. Lentamente, subiendo siempre, navegando tramos de torrentes entre una cascada y otra cascada, caños quietos entre un salto y otro salto, obligados a izar las barcas al compás de salomas de peldaño en peldaño, hemos alcanzado el suelo en que se alzan las Grandes Mesetas. Lavadas de su vestidura - cuando la tuvieran - por milenios de lluvias, son Formas de roca desnuda, reducidas a la grandiosa elementalidad de una geometría telúrica. Son los monumentos primeros que se alzaron sobre la corteza terrestre, cuando aún no hubiera ojos que pudiera contemplarlos, y su misma vejez, su abolengo impar, les confiere una misma majestad. Los hay que parecen inmensos cilindros de bronce, pirámides truncas, largos cristalos de cuarzo parados entre las aguas. Los hay, más abiertos en la cima que en la base, todos agrietados de alveólos, como gigantescas madréporas. Las hay que tienen una misteriosa solemnidad de Puertas de Algo - de algo desconocido y terrible - a que deben conducir esos túneles que se ahondan en sus flancos, a cien palmos sobre nuestras cabezas. Cada meseta se presenta con una morfología propia, hecha de aristas, de cortes bruscos, de perfiles rectos o quebrados. La que no se adorna de un obelisco encarnado, de una farellón de basalto, tiene una terraza flanqueante, se recorta en biseles, afila sus ángulos, o se corona de extraños cipos que semejan figuras en procesión. De pronto, rompiendo con esa severidad de lo creado, algún arabesco de la piedra, alguna fantasía geológica, se confabula con el agua para poner un poco de movimiento en este país de lo inconmovible. Es, allá, una montaña de granito casi rojo, que suelta siete cascadas amarillas por el almenaje de una cornisa cimera. Es un río que se arroja al vacío y se deshace en arcoiris sobre la cuesta jalonada de árboles petrificada. Las espumas de un torrente bullen bajo enormes arcos naturales, acrecidos por ecos atronadores, antes de dividirse y caer en una sucesión de estanques que se derraman unos en otros. Se adivina que arriba, en las cumbres, en el escalonamiento de las últimas planicies lunares, hay lagos vecinos de las nubes que guardan Abajo, en los grandes ríos sus aguas vírgenes en soledades nunca holladas por una planta humana. Hay escarchas en el amanecer, fondos helados, orillas opalescentes, y honduras que se llenan de noche antes del crepúsculo. Hay monolitos parados en el borde de las cimas, agujas, signos, hendiduras que respiran sus nieblas; peñascos rugosos, que son como coágulos de lava - meteoritas, acaso, caídas de otro planeta. No hablamos. Nos sentimos sobrecogidos ante el fausto de las magnas obras, ante la pluralidad de los perfiles, el alcance de las sombras, la inmensidad de las explanadas. Nos vemos como intrusos, prestos a ser arrojados de un dominio vedado. Lo que se abre ante nuestro ojos es el mundo anterior al hombre. Abajo, en los grandes ríos, quedaron los saurios monstruosos, las anacondas, los peces con tetas, los laulaus cabezones, los escualos de agua dulce, los gimnotos y lepidosirenas, que todavía cargan con su estampa de animales prehistóricos, legado de las dragonadas del terciario. Aquí, aunque algo huya bajo los helechos arborescentes, aunque la abeja trabaje en las cavernas, nada parece saber de seres vivientes. Acaban de apartarse las aguas, aparecida es la Seca, hecha es la yerba verde, y, por primera vez, se prueban las lumbreras que habrían de señorear en el día y en la noche. Estamos en el mundo del génesis, al fin del cuarto día de la creación. Si retrocediéramos un poco más, llegaríamos adonde comenzara la terrible soledad del Creador - la tristeza sideral de los tiempos sin incienso y sin alabanzas, cuando la tierra era desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo.