Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de abril de 2011

Reflexiones de Ernesto Sábato sobre la medicina


Via AEQUUS

La enorme complejidad de los conocimientos que hemos adquirido desde Aristóteles hasta hoy y que al parecer hace ilusorio el uomo universale del Renacimiento, ha conducido a algo que a la vez es inevitable y catastrófico: el especialista. Un físico que se ocupa de espectrogramas puede ignorar vastas regiones de la física, lo mismo que un químico inorgánico con respecto a la química orgánica. Esto ha sido inevitable, pero no incurramos en esa corriente falacia de tomar lo inevitable como magnífico. Aun en el mismo terreno del mundo material, el mas simple de todos, la especialización condujo a una especie de nueva barbarie, y debemos recordar que la mas grande revolución de la física la hizo un hombre que fue capaz de tomar en consideración los problemas mas generales de la materia en relación con el tiempo y el espacio; Einstein no era un especialista, era un generalista. Con mayor razón esto es válido para aquellos territorios más complejos de la realidad biológica y psicofísica, donde el todo precede a las partes, tal como también vislumbró Aristóteles. El atomismo de la física no funciona ya en estas complejas realidades, y debe ser reemplazado por un organicismo que de prevalencia a la totalidad sobre las parcialidades. Que se requieran los servicios de un especialista en corazón, como se requiere el informe de un encefalógrafo, es inevitable y, en condiciones bien delimitadas por el generalista, de enorme utilidad; pero que se invierta el planteo y se de preminencia al dato del especialista, pertenece ya a la falla filosófica y esencial de una medicina positivista. Una persona es mucho mas que un conjunto de números, de presiones, cantidades de glucosa, radiografías y eritro-sedimentaciones: es un ser complejo, una delicadísima unidad de materia y espíritu, donde todo influye sobre todo, y en el que es inútil, cuando no pernicioso, el informe especializado que no integre el armónico y dificilísimo examen de la estructura.

Dice ilustremente Schopenhauer que hay épocas en que el progreso es reaccionario y la reacción es progresista. Volver atrás en momentos de crisis, es lo más adecuado para retomar las banderas de un genuino progreso. En momentos en que el auge de la especialización y de la cuantificación mediante aparatos parece para muchos el colmo de la maravilla, no es difícil demostrar que constituye uno de los mas agudos peligros que enfrenta la medicina contemporánea. Y reclamar al generalista, no es un poco retomar la vieja tradición de aquel clínico de otro tiempo? De aquel hombre que tenía una especie de cualidad rabdomántica para detectar una enfermedad a veces con la sola forma de caminar de un paciente? De aquel hombre que conocía al enfermo por su nombre y apellido, que estaba al tanto de sus problemas familiares y de sus angustias pecuniarias, de sus manías y amistades, de sus pasiones y esperanzas, de sus ideas políticas y religiosas? De aquel hombre que sin mirar un aparato sabía a priori que a Don Rafael Schiaffino lo que le hacía falta no era vigilar su ácido úrico sino, simple pero genialmente, irse por un tiempo al campo y dejar de ver a la suegra?

Muchachos, ya les dije que soy apenas un escritor y, por cierto, no soy médico. Lo que no significa que no sepa nada de medicina, pues se de ella (y por motivos muy similares) lo que un ladrón consetudinario puede saber de la organización policial. He padecido úlcera, reumatismo, gota, colitis, anginas de garganta, bronquitis. Que más, para hablar un poco del asunto?

Y, sobre todo, no se enojen: son opiniones revulsivas, con el sólo ánimo de inclinarlos al análisis y discusión de problemas que a veces parecen ya resueltos.

Fragmentos de una conversación mantenida por Ernesto Sábato con redactores de la Revista Medicina Intensiva. (Ernesto Sábato, La Robotización del hombre y otras páginas). Alrededor del año 1975.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Día internacional de los Derechos Humanos


A TODO ESTO

Qué fue de los deberes humanos
Ofrezco la palabra
Mucho se habla de derechos humanos
Poco
Nada casi de los deberes humanos:
Primer deber humano
Respetar los Derechos Humanos


martes, 22 de junio de 2010

Falleció un lúcido

Pasados un par de días del fallecimiento, lamento la muerte del gran escritor portugués (Don) José Saramago.

Su obra lúcida y confrontacional probablemente seguirá resonando en la humanidad.

Pensar, pensar
Por Fundação José Saramago

Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte.

Revista del Expresso, Portugal (entrevista), 11 de octubre de 2008

viernes, 7 de mayo de 2010

Extracto de Manifiesto - Nicanor Parra


Nosotros condenamos
-Y esto sí que lo digo con respeto-
La poesía medicina de pequeño dios
La poesía medicina de vaca sagrada
La poesía medicina de toro furioso.
Contra la poesía medicina de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía medicina de la tierra firma
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía medicina de café
La poesía medicina de la naturaleza
Contra la poesía medicina de salón
La poesía medicina de la plaza pública
La poesía medicina de protesta social.

Los poetas médicos bajaron del Olimpo.

domingo, 21 de febrero de 2010

La modernidad líquida


La autopista del sur (y del norte) - Julio Cortázar

Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el bip bip de la radio midieran otra cosa, fuera el tiempo de los que no han hecho la estupidez de querer regresar a París por la autopista del sur un domingo de tarde y, apenas salidos de Fontainbleau, han tenido que ponerse al paso, detenerse, seis filas a cada lado (ya se sabe que los domingos la autopista está íntegramente reservada a los que regresan a la capital), poner en marcha el motor, avanzar tres metros, detenerse, charlar con las dos monjas del 2HP a la derecha, con la muchacha del Dauphine a la izquierda, mirar por retrovisor al hombre pálido que conduce un Caravelle, envidiar irónicamente la felicidad avícola del matrimonio del Peugeot 203 (detrás del Dauphine de la muchacha) que juega con su niñita y hace bromas y come queso, o sufrir de a ratos los desbordes exasperados de los dos jovencitos del Simca que precede al Peugeot 404, y hasta bajarse en los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe en qué momento los autos de más adelante reanudarán la marcha y habrá que correr para que los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos), y así llegar a la altura de un Taunus delante del Dauphine de la muchacha que mira a cada momento la hora, y cambiar unas frases descorazonadas o burlonas con los hombres que viajan con el niño rubio cuya inmensa diversión en esas precisas circunstancias consiste en hacer correr libremente su autito de juguete sobre los asientos y el reborde posterior del Taunus, o atreverse y avanzar todavía un poco más, puesto que no parece que los autos de adelante vayan a reanudar la marcha, y contemplar con alguna lástima al matrimonio de ancianos en el ID Citroën que parece una gigantesca bañadera violeta donde sobrenadan los dos viejitos, él descansando los antebrazos en el volante con un aire de paciente fatiga, ella mordisqueando una manzana con más aplicación que ganas....

domingo, 18 de octubre de 2009

Don José Saramago y Manuel García (o sobre viejos comunistas)

Del sujeto sobre sí mismo

Como escritor, creo que no me he separado jamás de mi conciencia de ciudadano. Considero que donde va uno, debe ir otro. No recuerdo haber escrito una sola palabra que estuviera en contradicción con las convicciones políticas que defiendo, pero eso no significa que haya puesto alguna vez la literatura al servicio directo de la ideología que es la mía. Por supuesto, eso sí, al escribir procuro, en cada palabra, expresar la totalidad del hombre que soy.


Repito: no separo la condición de escritor de la de ciudadano, aunque no confundo la condición de escritor con la de militante político. Es cierto que la gente me conoce más como escritor, pero también están quienes, con independencia de la mayor o menor relevancia que reconozcan en las obras que escribo, piensen que lo que digo como ciudadano común les interesa y les importa. Aunque sea el escritor, y solo él, quien lleva sobre los hombros la responsabilidad de ser esa voz.


El escritor, si es persona de su tiempo, si no se quedó anclado en el pasado, tiene que conocer los problemas de tiempo en que le tocó vivir. ¿Y qué problemas son los de hoy? Que no estamos construyendo un mundo aceptable, bien por el contrario, vivemos en un mundo que va de mal en peor y que humanamente no sirve. Atención, por favor: que no se confunda lo que reclamo con ningún tipo de expresión moralizante, con una literatura que dice a la gente de qué manera debe comportarse. Hablo de otra cosa, de la necesidad de contenidos éticos, sin ningún trazo de demagogia. Y, condición fundamental, que no se aparte nunca de la exigencia de un punto de vista crítico.


lunes, 29 de junio de 2009

Más Platón y menos Viadil


Excelente texto de Platón extraído del blog Primum non nocere del Dr. Rafael Bravo quien a su vez lo obtiene del blog El gerente de mediado del Dr. Sergio Minué
Libro IV del Diálogo Las Leyes de Platón

Ateniense:
Los enfermos de las ciudades son libres o esclavos: ¿y no has observado que los esclavos se dejan curar ordinariamente por otros esclavos, que van de un punto a otro por la ciudad, o que reciben los enfermos en la oficina de sus maestros? El médico de esta clase no entra en pormenores con el enfermo a propósito de su mal, ni sufre que él razone sobre el mismo; y después de haberle prescrito, a modo de verdadero tirano y dándose aire de hombre entendido, los remedios que la rutina le sugiere, le abandona bruscamente para ir a visitar otro enfermo, descargando así a su maestro de una parte de los cuidados de su profesión. Por el contrario, el verdadero médico sólo visita y cuida de los enfermos que son de condición libre como él: se informa de ellos mismos o de sus amigos acerca del origen y del progreso del mal, y después de haber obtenido todas las aclaraciones convenientes, instruye al enfermo hasta donde le es posible, no prescribiéndole remedios sino después de haberle decidido con buenas razones a tomarlos: y procura volverle poco a poco la salud. dulcificando su espíritu y disponiéndole para todo por medio de la persuasión. ¿Cuál es a tu parecer, el mejor de estos dos médicos? Y lo mismo digo de losmaestros de gimnasia. ¿cuál es el mejor? ¿El que emplea dos medios para llegar a su objeto, o el que emplea uno solo. que es además el peor y el más duro?

Libro IX del Diálogo Las Leyes de Platón


Ateniense: Debis figuraros que si alguno de estos médicos, que ejercen la profesión sin principios y sin tener otra guía que la experiencia, viese al verdadero médico conversar con su enfermo, que es de condición libre como él, razonar casi como un filósofo, remontarse hasta el origen del mal y hasta los principios generales relativos a la constitución del cuerpo humano, es seguro que no se contendría y se echaría a reir a carcajadas, diciendo las mismas cosas que en tales ocasiones dicen los más de los que se llaman médicos. "Insensato, diría, eso no es curar al enfermo, y sí darle lesiones, como si se tratase de hacerle médico y no de procurarle la salud."

domingo, 17 de mayo de 2009

Benedetti inmortal


¿Qué les queda a los jóvenes?

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.

lunes, 4 de mayo de 2009

Benedetti


El gran poeta uruguayo ingresó grave hace varios días al hospital. Ahora está mejor, por suerte. Y como todas las veces que alguien "público" ingresa al hospital se emiten partes médicos para actualizar sobre el estado de salud del enfermo, pero en este caso los comunicados suenan pésimo, molestos. Es que utilizar los eufemismos médicos eternos "estable", "están funcionando apropiadamente", "lúcido" (!) parecen una aberración linguística cuando se refieren a (Don) Mario Benedetti.

Aquí van los médicos...

Lombardi señaló que los órganos vitales de Benedetti "están funcionando apropiadamente" por el momento y su estado requiere "vigilancia" más que "algún cuidado activo particular"

Según el parte médico que emitió hoy la Dirección Técnica del Sanatorio Impasa de Montevideo, Benedetti se mantiene "estable" y "lúcido" y sigue alimentándose "correctamente" por vía oral.

Y aquí va Benedetti...

Pasatiempo

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

sábado, 2 de mayo de 2009

Libros para entender la pandemia


La respuesta natural a la incertidumbre es el miedo. Al encontrarnos vulnerables nuestro cerebro inmediatamente activa arcaicos sistemas de alarma y nos ponemos hipervigilantes e inquietos, preparados para lo peor.

Así ocurre cuando nos vemos afectados por enfermedades, sobretodo si desconocemos su naturaleza y pronóstico. La primera pregunta es siempre la misma, ¿Es grave? Dependiendo de la respuesta nos preparamos. La mayoría de las veces la enfermedad se transforma en un quiebre biográfico, nos obliga a adaptarnos a ella. Esto puede ser algo tan simple como faltar al trabajo debido a un resfrío o tan complejo como cambiar nuestro estilo de vida por una enfermedad crónica. Cada uno de estos cambios lleva aparejado una crisis que rara vez va más allá del ámbito personal o familiar.

Algo distinto ocurre cuando la enfermedad es altamente contagiosa y se transforma en una pandemia. Ahora el fenómeno de enfermar es social y la vulnerabilidad se generaliza. El peligro está latente, y peor aún, está en el otro. No en un animal de criadero, sino en nuestro vecino, amigo, hermano. Es en este momento cuando se desata el pánico colectivo y el miedo se vuelve exponencial. La única forma de volver a la tranquilidad es recurrir a los sistemas de control social que, paradójicamente, es en estos momentos cuando más débiles se ven.

A medida que la enfermedad va avanzando, se desata el caos informativo. Las respuestas erráticas de las autoridades no dan el ancho, la prensa multiplica los números, se contradice y finalmente se instala la confusión. Hay quienes aclaman que esto es un castigo divino y organizan sendas ceremonias de expiación, otros tratan de revelar la eterna conspiración global. De paso se deja entrever la humanidad misma, con toda su bondad y todo su egoísmo. Siempre transcurre igual, primero la incredulidad, luego la extrañeza y posteriormente el miedo. Si la enfermedad es grave, la humanidad sufre el descalabro social de una pandemia, pero si no lo es, el evento se transforma en un episodio más de pánico inducido por el terrorismo científico.


La historia no es nueva, la han contado varias veces, pero la hemos olvidado, tal como olvidamos lo que no nos gusta. Está guardada en varios textos del botiquín literario, ninguno de medicina. Albert Camus la escribió en “La Peste”, el drama absurdo de una ciudad arrasada por una enfermedad altamente letal, y José Saramago nos la contó en “Ensayo sobre la ceguera”, el extraño relato de una ceguera contagiosa. Ambos libros narran lo mismo, la desesperada conducta humana frente a la pandemia, pero desde ópticas distintas. Camus se esfuerza en mostrarnos la bondad inherente a la humanidad y Saramago, por el contrario, nos revela como en situaciones límites caemos en la malicia y el egoísmo.

-------------------------------------------------

“Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan”. La peste, Albert Camus

"Horas y despierto, lo poco que consiguió dormir fue por puro agotamiento. Deseaba que no terminara la noche para no tener que anunciar, él, cuyo oficio era curar los males de los ojos ajenos, Estoy ciego, pero al mismo tiempo quería que llegase rápidamente la luz del día, con estas exactas palabras pensó, La luz del día, sabiendo que no iba a verla. Realmente, un oftalmólogo ciego no serviría mucho, pero tenía que informar a las autoridades sanitarias, avisar de lo que podría estar convirtiéndose en una catástrofe nacional, nada más y nada menos que un tipo de ceguera desconocido hasta ahora, con todo el aspecto de ser muy contagioso y que, por lo visto, se manifestaba sin previa existencia de patologías anteriores de carácter inflamatorio, infeccioso o degenerativo, como pudo comprobar en el ciego que había ido a verle al consultorio, o como en su mismo caso se confirmaría, una miopía leve, un leve astigmatismo, todo tan ligero que de momento había decidido no usar lentes correctoras. Ojos que habían dejado de ver, ojos que estaban totalmente ciegos, pero que se encontraba en perfecto estado, sin la menor lesión, reciente o antigua, de origen o adquirida." Ensayo sobre la ceguera, José Saramago

viernes, 17 de abril de 2009

Por qué un estudiante de medicina tiene que leer Morfina de Mijail Bulgakov

Imagen vía Photobucket

Medicina y literatura se cruzan continuamente. Alejándose de la sintética y funcional escritura hospitalaria, algunos doctores aficionados a las letras son capaces de transformar su realidad y plasmarla en una prosa de gran valor literario. Es que, sin duda, el estar continuamente relacionado con acontecimientos humanos tan intensos como la enfermedad, la muerte y el nacimiento de una nueva vida es terreno fecundo para quien desea crear.

Entre los grandes maestros que lograr convergir la medicina y la literatura se encuentra Mijaíl Bulgakov, un escritor ruso, que conserva la tradición y el genio de sus compatriotas escritores. El autor estudió medicina en la Universidad de Kiev, graduándose en 1916. De sus primeros años de trabajo en un precario hospital rural, Bulgakov, reunió una serie de anécdotas y experiencias en su diario de vida llamado "Notas de un médico jóven", el cual finalmente dió origen al libro "Morfina". Escritas en primera persona, el autor muestra a un nóvel doctor, aficionado al cuestionamiento neurótico de sus habilidades profesionales, solo e inseguro frente a grandes dificultades como partos complicados y amputaciones traumáticas, pero con el valor suficiente como para llevarlas a buen puerto, la mayoría de las veces. También revela como el protagonista se propone combatir la ignorancia de la gente, las que llama tinieblas egipcias, con el fin de mejorar la salud de su pueblo azotado por la sífilis. Es la historia de un personaje heroico que se dedica hasta al cansancio a su profesión.

Sin duda, un libro interesante y representativo, para quienes recién comenzamos esto de la medicina. De muestra les dejo un botón...

-------------------

Cuando me presentaba ante alguien, invariablemente debía decir:
-Soy el doctor tal.
Y todos, ineludiblemente, arqueaban las cejas y preguntaban:
-¿De verdad? Hubiera creído que era usted un estudiante todavía.
-No, ya he terminado la carrera - respondía con aire hosco, y pensaba "Lo que necesito es un par de gafas". Pero no tenía para qué usar gafas, ya que mis ojos estaban sanos y su claridad aún no había sido enturbiada por la experiencia de la vida. Al no tener la posibilidad de defenderme de las eternas sonrisas condescendientes y cariñosas con ayuda de gafas, traté de desarrollar unos hábitos especiales, que inspiraran respeto. Procuraba hablar pausadamente y con autoridad, intentaba controlar los movimientos bruscos, trataba de no correr - como corren los estudiantes de veintitrés años que apenas han terminado la universidad -, sino de caminar. Transcurridos muchos años, ahora comprendo que todo eso me daba, en realidad, bastante mal.

La toalla del gallo rojo. Página 11

-------------------

Se acercaba la noche y yo comenzaba a acostumbrarme. "No tengo la culpa de nada - pensaba de manera insistente y atormentadora - tengo un diploma con quince sobresalientes. Yo les había advertido en la ciudad que quería venir como segundo médico. Pero no. Ellos sonrieron y dijeron: "Ya se acostumbrará." Vaya con el "ya se acostumbrará". ¿Y si llega alguien con una hernia? Decidme. ¿Cómo me voy a acostumbrar a ella? Pero, sobretodo, ¿Cómo va a sentirse el herniado en mis manos? Se acostumbrará, si, pero en el otro mundo (en ese momento una sensación de frío me recorrió la columna vertebral)...
> ¿Y si aparece un caso de peritonitis? ¡Já! ¿Y la difteria que suelen padecer los campesinos? Pero... ¿Cuándo es necesario practicar una traqueotomía? Tampoco me irá muy bien sin la traqueotomía... ¿Y... y... los partos? ¡Había olvidado los partos! ¡Las posiciones incorrectas! ¿Qué voy a hacer? ¡Ah, que persona tan irresponsable soy! Nunca debí haber aceptado este distrito. No debí haberlo aceptado. Se hubieran podido conseguir algún Leopold...

La toalla del gallo rojo. Página 14

-------------------

La recepción ya estaba toda iluminada y toda la plantilla de ayudantes me esperaba con las batas puestas. Eran: el enfermero Demián Lukich, un hombre todavía joven pero muy eficiente, y dos experimentadas comadronas, Ana Nikoláievna y Pelagueia Ivánovna. Yo no era más que un médico de venticuatro años que había graduado dos meses atrás y que había sido designado para dirigir el hospital de Nikólskie.
El enfermero abrió solemnemente la puerta y apareció la madre. Entró apresuradamente, patinando sobre sus botas de fieltro; la nieve aún no se había derretido en su pañuelo. Llevaba en los brazos un envoltorio que acompasadamente emitía silbidos y respiraba produciendo un sonido sordo. El rostro de la madre, que lloraba en silencio, estaba demudado. Cuando la mujer se quitó la pelliza y el pañuelo y abrió el envoltorio, vi a una niña de unos tres años. La observé y por un momento me olvidé de la cirugía, la soledad, el inútil bagaje universitario; me olvidé definitivamente de todo a causa de la belleza de la niña. ¿con qué se podía comparar? Sólo en las cajas de bombones dibujan niños así, con rizos naturales en el cabello, formando grandes bucles del color del trigo maduro. Los ojos azules, enormes; las mejillas como las de una muñeca. Así dibujaban a los ángeles. Pero una extraña turbación anidaba en el fondo de sus ojos y comprendí que era miedo: la niña se asfixiaba. "Morirá dentro de una hora", pensé con absoluta convicción, y mi corazón se contrajo dolorosamente...

La garganta de acero. Página 28

sábado, 28 de marzo de 2009

Ser médico es fácil


Me pides muchacho aclare tus dudas
que como fantasmas, te acosan y apuran.
Seguro que esperas respuestas maduras
que alumbren a giorno tus sombras oscuras.

Sé bien lo que quieres y ansío ayudarte,
porque esas dudas remozan mi sangre
ya que fueron mías al recién graduarme,
algo, poco o mucho, tengo que brindarte.

La ruta es muy larga, casi inalcanzable,
es siempre exigencia, permanente darse,
pensar en los otros, comprender, amarles,
sentir sus dolores, sufrir en su carne.

Ser timón y guía en cada percance:
responsable pleno de sus desenlaces.
Ser hermano, amigo, confesor o padre,
tumba de secretos que jamás violares.

Calmante de angustias, dolores o hambre,
curioso obsesivo que explora incesante
el cuerpo, la psiquis, el mundo o el aire,
sin renunciar nunca a beneficiarles.

Que el fin del balance no pueda acusarte,
que tu meta sea siempre un semejante:
sin nombre, sin cara, al que te entregaste
con toda tu ciencia, tu atención y tu arte.

Recibir por pago lo que no soñaste:
los ojos llorosos de una pobre madre
que rogando al cielo pretende expresarse,
y lágrimas sólo tienen para darte.

Ya ves mi muchacho, no te me acobardes,
vocación ya tienes, completa el bagaje,
junta valentía, honradez, coraje,
y verás entonces: ser médico...es fácil.

Dr. Antonio Armando Lara